Arquitectura tradicional y bioclimática en Cabrera: El muro de inercia

Muro apoyado sobre roca que aflora en el terreno. Cunas

Muro apoyado sobre roca que aflora en el terreno. Cunas

Repasamos las peculiaridades de los muros de piedra que sujetan las casas cabreiresas como elemento bioclimático, pero antes, describamos como son los muros en nuestra comarca y que es lo que los hacen tan especiales.

El sistema estructural que domina en la arquitectura cabreiresa es el de muros verticales de carga, realizados en piedra, que constituyen a su vez las fachadas de sus edificaciones, donde apoyan los forjados constituidos por viguería de madera. Los muros de carga presentan cimentaciones someras de la propia piedra, siendo no infrecuente que incorporen en el arranque de los mismos la propia roca que aflora en el lugar, que aparece incluso trabajada para conformar mejor el basamento de apoyo. Los muros con espesores mínimos de 50 cm., alcanzan espesores medios en sus fábricas exteriores de 70 cm.

Los muros de piedra más habituales están realizadas en mampostería concertada, con texturas cambiantes, en función del propio carácter de las piezas pétreas, donde aparecen los esquistos y cuarcitas con frecuencia talladas para permitir un mejor ajuste exterior. Desde luego se denota en numerosas ocasiones la diferencia del trabajo de las piedras colocadas, pues en las caudras y pajares el tallado o regularización de las piezas es claramente menor. También la fragilidad de una parte de las lajas de pizarra hace que su talla sea mínima, señalándose con facilidad en las paredes las marcas del trabajo realizado que hace cambiar su brillo e incluso su color.

Cruz de cuarzo en pajar. Corporales

Cruz de cuarzo en pajar. Corporales

La utilización de piezas en forma de lajas de pizarra, hace que en ocasiones se redondeen los esquinazos de la edificación. Así los esquinazos son objeto de atención especial para crear adecuadas uniones, con empleo de piezas de mayor tamaño, en forma de sillería o sillarejo, que pueden contrastar en su material, textura y color con el resto de piedras que conforman el muro. Los contrastes además se emplean claramente en distintos ejemplos, como al mezclar piezas de cuarzo blanco con las pizarras grises o piedras con alto contenido en hierro color rojizo obscuro o casi negros, tanto por su color como su forma, en ejemplos singulares de Iruela o Corporales. Las mismas piezas de cuarzo blanco se emplean para crear cruces de protección en fachadas, al diferenciarse en su color y tamaño al resto de la fábrica, tratamiento que se refuerza creando hiladas diferenciadas, generando una variación de color que no pasa desapercibida al caminante.

Las fachadas pétreas están dominadas por su carácter cerrado, presentando las fachadas orientadas al norte y noroeste completamente ciegas, donde los huecos son mínimos. Solamente contrastan con dicho tratamiento los corredores, que a su vez aparecen también con carácter cerrado, como ya hablamos en el capítulo anterior.

Estas fachadas de piedra conforman lo que se denomina muro de inercia, es decir, el material y grosor del muro favorece que el calor se vaya acumulando a lo largo del día (el muro absorbe el calor) sin penetrar en la vivienda. Cuando la temperatura exterior baja, el muro desprende el calor acumulado consiguiendo que la temperatura en el interior de la vivienda se mantenga constante. Este efecto es más acusado si, además, el muro es lo suficientemente grueso. La demanda energética de la vivienda así construida es considerablemente inferior. Pero vamos a ver como funciona.

Muro en Iruela

Muro en Iruela

La inercia térmica es la dificultad que ofrece un cuerpo a cambiar su temperatura. Ésta tiene una vinculación directa con la acumulación de energía: los cerramientos y locales como mucha inercia acumulan más energía. Así el modo bioclimático de acumulación de energía óptimo es la utilización de la propia inercia térmica del edificio. Los locales con gran masa térmica son estables térmicamente. Los materiales constructivos con mayor masa, ya sea debida a su volumen o a su densidad, son los que confieren a los edificios del que forman parte, mayor inercia térmica. Los valores altos de la inercia térmica permiten conseguir, en los climas en lo que sea necesario, uno de los objetivos más deseables en un edificio: la estabilidad térmica; la temperatura fluctúa levemente y no se consume excesivamente energía convencional para su mantenimiento.

Los materiales ideales para constituir una buena masa térmica, y por tanto inercia térmica, son aquellos que tienen: alto calor específico, alta densidad y baja conductividad térmica (aunque no sea excesivamente baja). Los materiales con mejor inercia térmica son:

• Tierra y barro.
• Rocas y piedras naturales
• Hormigón y otras técnicas de albañilería.

Justamente las dos primeras son las que conforman los muros cabreireses de alto espesor, por tanto tenemos un calro muro de inercia en las casas de nuestra comarca. Estos materiales pesados tienen la cualidad de absorber la energía calórica y distribuirla gradualmente en su estructura interna. Dado que requieren una gran cantidad de energía para aumentar su temperatura, los procesos de transmisión de calor por conducción a través de ellos propician un efecto de “almacenamiento”.

muro de inercia

El muro destinado a masa térmica debe tener un grosor apropiado, de modo que el interior del edificio siga siendo fresco durante el día y el calor se transfiera al interior durante la noche. Si el muro es demasiado fino, penetrará el calor en el interior de la vivienda durante el día, justo cuando no se necesita, y no quedará suficiente calor almacenado en la masa para soltarlo durante la tarde o noche, que es cuando más frio hace. Si la pared es demasiado gruesa, puede costarle bastante acumular el calor y empezar a liberarlo en un momento del día en que no se necesita ese calor.

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