Cabrera, una tierra cerca de las estrellas

estrellasLos mejores cielos nocturnos de León están en Cabrera y en Babia. En la segunda comarca ya han comenzado a explotar este recurso como turismo mientras que en la primera queda mucho por hacer

88 constelaciones, casi todas provenientes por la imaginación de los griegos, agrupan millones de estrellas en el cielo nocturno. La comarca cabreiresa tiene el cielo perfecto para hacer astroturismo, una actividad que va en aumento. Sólo hay que mirar al cielo cabreirés una noche despejada para descubrir un mar de estrellas, planetas y satélites. Un espectáculo nocturno que algunos hosteleros de la provincia ya han empezado a explotar con la programación de observaciones nocturnas en la zona de Babia. Un sector emergente que une la ciencia y economía sostenible.

En Cabrera, ya hubo una iniciativa en la localidad de Pozos donde La Casa de Turismo Rural La Ksita disponía de un curioso observatorio astronómico en el que se impartían cursos de iniciación a la fotografía y a la astronomía. Hoy debido al fallecimiento del dueño, la casa permanece cerrada.

Zonas de León donde mejor puede verse el cielo nocturno

Zonas de León donde mejor puede verse el cielo nocturno

El presidente de la Asociación Leonesa de Astronomía, José Vicente Gavilanes, manifiesta que para disfrutar de las estrellas, los mejores cielos de León están en Cabrera, Valdería, Teleno, Ancares y toda la montaña del norte de León. “El Teleno es ideal, pero cualquier montaña es el mejor lugar, es donde más cerca estás de las estrellas”, asegura, Gavilanes. Pero no todas las montañas ofrecen este espectáculo. Las mejores son las que están alejadas de la contaminación lumínica, pero también de los vergeles y de embalses de agua porque generan humedades que impiden la visibilidad. “Este cielo lo han visto generaciones. Son nuestra tradición”, afirma Gavilanes. Toda Cabrera cumple estos requisitos.

No hace falta ser un gran conocedor de la astronomía para disfrutar del espectáculo. Gavilanes recomienda buscar una casa rural como punto de partida, alejarse de la contaminación lumínica, buscar zonas elevadas, llevar prismáticos con trípode o telescopios pequeños, una guía del cielo, ropa de abrigo (gorro, botas, guantes), un termo con líquidos calientes, un teléfono móvil, una hamaca «y, casi lo más importante, preparar el viaje con expectativas asequibles».

Astronomía popular

“Las cabrillas (las pléyades) con el verano avanzado se ven muy altas y los paisanos dicen: «ye la hora del llobu»” Afirma Gavilanes que nos recuerda como el paisanaje atesora dichos y refranes que tratan de dar explicación a la belleza de la bóveda celeste. De esta forma Lucy Cañal recoge en Trabazos el dicho que dice “de que pasa Ñavidá, el carrillín ya nun diz la verdá” en alusión a la osa mayor. “O la estrella xornalera, Venús, cuando nuestros ancestros la veían, ya sabían que era el momento de dejar el trabajo y cobrar el jornal”, añade Gavilanes. “La jornalera es la misma estrella que el Lucero del Alba. Un planeta que no todo el mundo sabe que es la misma, el lucero y la jornalera. Cuando se lo cuentas te miran extrañados, y es cuando les preguntas si los han visto juntos alguna vez, es en ese momento cuando se dan cuenta de que son el mismo”, alude el presidente de la ALA.

Las tres marías, las Cabrillas y el lucero del alba

Las tres marías, las Cabrillas y el lucero del alba

En Cabrera, todavía hoy mucha gente canta el romance la loba parda que comienza así: “Estando na mia choza pintando la mia cayada, las cabrillas altas iban y la lluna rebaxada; mal barruntan las ouveyas, nou paran na mayada. Vi de venir siete llobos pula escura cañada.” en alusión de igual forma a las pleyádes.

El investigador Nicolás Bartolomé Pérez recoge varios de estos testimonios. Por ejemplo, la Vía Láctea recibe en León el nombre de Camino de Santiago. “Una antigua tradición europea explica este nombre mediante una leyenda que cuenta que el apóstol Santiago se apareció al emperador Carlomagno en la Vía Láctea para señalar el camino que tenían que seguir aquellos que quisieran peregrinar a su tumba en los confines galaicos; en León se cuenta que el Camino de Santiago muestra en el cielo la vía terrestre que tienen que seguir los peregrinos hasta Compostela.”

Bartolomé Pérez afirma que “en diferentes zonas de la provincia de León la Osa Mayor es conocida como El Carru, El Carro Triunfante, El Carrellín o Carrico por su forma que se asemeja a la de un carro. Por otro lado, la Osa Menor es en Los Argüellos La Madreña Taruguera, al recordar vagamente su figura a de este típico calzado leonés. De carácter descriptivo es el nombre Sietrestrello o Sietestrellos para referirse a Las Pléyades, por ser precisamente siete estrellas las que parecen formar esa constelación; aunque también recibe otros designaciones como La Piña por estar las estrellas aparentemente muy juntas entre sí, y también Las Cabriellas, Las Siete Cabriellas o Cabrillas, denominación de probable origen pastoril. Un refrán de los Picos de Europa leoneses dice que «No nació ni nacerá el que Las Siete Cabriellas verá», que alude a la dificultad para ver las siete estrellas de la constelación ya que una de ellas, Merope, es menos brillante que el resto. De matiz cristiano es el nombre de Las Tres Marías, tres estrellas alineadas pertenecientes a la constelación de Orión. Una tradición argollana apunta que antiguamente los filandones finalizaban cuando estas estrellas tocaban aparentemente un determinado punto de la tierra.”

Las Tres Marías

Bartolomé Pérez recoge un refrán de Laciana que recuerda la misma tradición: «Cuando las Tres Marías chegan al Tesetón, salen las mozas del filandón». A partir de determinada época del año Las Tres Marías desaparecen del cielo leonés como indica un dicho del valle del Esla: «No ha nacido ni nacerá el que Las Tres Marías en mayo verá». Otra paremia de esa zona resume así las constelaciones más destacadas del firmamento visible en nuestra tierra: «Por lo más alto del cielo camina el Carro Triunfante, las Tres Marías detrás y el Siete Estrellos delante».

Por otro lado, el planeta Venus, visible solo al amanecer y al oscurecer, es en leonés omañés El Lluceiru, aunque en el Valle del Esla también se le llama Arrata Yeguas, ya que su aparición celeste señalaba la hora de «arratar» (atar, trabar) al ganado caballar que se dejaba pastando en los pastizales a primera hora de la mañana. Gavilanes afirma también que “en algunas zonas de León tambien se le denomina las tres marías como los tres reyes magos en alusión a las pléyades”.

La Luna

“Cuernos adelante, luna menguante…” afirma un refrán que Gavilanes recoge y con el que comienza una disertación sobre este cuerpo celeste, que tantas supersticiones crea en León. “Las enfermeras y médicos creen que hay más nacimientos con luna llena, a pesar de que ya se realizó un estudio por Saúl Blanco Lanza (secretario de ALA), Ricardo Chao (vicepresidente de ALA) e historiador del Reino de León; y el doctor Francisco Manrique Ruiz, han cotejado los datos de 13.125 nacimientos registrados en el centro sanitario de los Altos de Nava entre los años 1997 y 2003 con un programa informático que permite determinar cuál era en ese momento la fase de la luna y concluyeron que en todas las fases de la luna nace un número similar de bebés”. Gavilanes concluye que “las creencias y la luna están muy arraigadas en nuestra cultura, todo lo que quieras que crezca como los cultivos, hay que plantarlo en luna creciente; y todo lo que quieras que mengue, como el pelo a la hora de cortarlo, hay que hacerlo en luna menguante”

Cerco en la Luna

Cerco en la Luna

En Trabazos de Cabrera, Emiliano Carrera Cañal recoge tambien los siguientes refranes “Cerco na lluna, chuvia segura” y “lluna chena, la vara chena”, en clara alusión a como la luna interfiere en los agentes meteorológicos y proporciona gran cantidad de fréjoles en la vara que se suele poner para sujetar la planta.

El investigador cabreirés Xepe Valle en su libro “Mitoloxia y simbolismu alredor de la ñaturaleza y l’arquitectura tradicional de Cabreira (Llión)“, asegura que “son el sol y la Luna quienes regían la vida rural. La plantación, la matanza del gocho e incluso el momento de cortar la madera para construir una casa venían determinados por la fase lunar”

Bartolomé Pérez afirma que “Más que por meses y estaciones se nombraban el tiempo por la Luna: Luna de San Blas, Luna de San Andrés, etc. Se creía (y se cree en algún caso) que la Luna regulaba los tiempos de la siembra, de la poda y de la corta de los árboles, del sacrificio del cerdo, de la recolección de los nabos, el apareamiento y castrado de los animales, el esquileo de los rebaños y hasta la tonsura de cabello y el rapado de la barba en los humanos.”

Nicolás Bartolóme Pérez concluye con una leyenda leonesa muy conocida que “relata que en la Luna hay una persona descrita en algunas tradiciones como un ladrón que está allí castigado por sus crímenes, y en otras como un hombre que lleva una carga de espinos. Pero, sin duda, la leyenda más fascinante sobre el satélite terrestre es la que afirma que en la luna hay una vieja hilando, recogida en varios lugares leoneses por José Luis Puerto. Un cantar en leonés nos releva de forma poética lo cambiante del cielo nocturno: “Las estrel.las cuerren, cuerren, you nun deixo de correr, ya onde m’alcuentre la nueite, al.lí quiero alborecer.””

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