Cabrera, parada y fonda en la vuelta al mundo de un Phileas Fogg moderno

Ricardo Thys frente al Ayuntamiento de Truchas. Fotos Sofía

Ricardo Thys, el belga que decidió dejar todo y dar la vuelta al mundo sin petróleo, durmió esta noche en la casa de cultura de Truchas, justo cuando cumple los dos años del inicio de su viaje.

Ricardo decidió un día abandonar si vida en Bruselas, y empezar una vuelta al mundo sin utilizar ningún medio de transporte que use derivados del petróleo. Inició su camino un 4 de abril, de 2015, y ya ha recorrido 5.300 kilómetros a pie por el sur de Europa y el norte de África.

Tras 30 años dedicados al trabajo como autónomo, trabajando 7 días a la semana y propietario de cuatro empresas, se dio cuenta de que “no tenemos tiempo de aprovechar la vida”. Y a sus 57 años, este belga, decidió no preocuparse de su jubilación tras una visita al médico por problemas de estrés y tras visitar las oficinas de la seguridad social, y preguntar como iba su pensión.

En las oficinas de la seguridad social belgas le confirmaron que por lo cotizado hasta ese momento, cuando se jubilara recibiría una cifra muy pobre y añadieron que “estos últimos 10 años son los más importantes para calcular la pensión“. Ricardo miró fijamente al funcionario y le preguntó: “Entonces, ¿estos diez años son los más importantes de mi vida?“. El funcionario asintió. Ricardo se levantó de la silla y se despidió amablemente. Ya sabía qué iba a hacer con esos 10 años, entregar las empresas a su hermano y comenzar a andar sin parar y a descubrir que la gente que habita el mundo.

Viaja con muy poco dinero, solo un presupuesto de 5 euros diarios para comer. El alojamiento es lo que tiene que resolver día a día. Se ha alojado en todo tipo de construcciones, incluso en un castillo. Ha participado en 12 proyectos diferentes de intercambio de trabajo, 4 ó 5 horas, por alojamiento y manutención.

Ha permanecido en la vecina Puebla de Sanabria hasta que recibió unas zapatillas de repuesto. Ya con ellas decidió llegar a la Baña a través de San Criprian. 12 horas le llevó esta travesía a través de nieve y la sierra cabreiresa, con la presencia de un lobo, y según nos confirma el mismo: “era la primera vez que veía este animal”. Ya en esta localidad tuvo la oportunidad de visitar las instalaciones de Pizarras el Carmen, incluso una visita guiada por personal de la empresa. Continuo su viaje por tierras cabreiresas para llegar a Quintanilla de Losada donde durmió en el bar Sabugo, donde confirmó que “¡he pasado una noche maravillosa!”

Ricardo Thys en el Sabugo. Foto Ricardo Thys

Ayer inició de nuevo su andadura para ascender el puerto del Carbajal y recalar en la localidad de Truchas, donde visitó el molino, el puente medieval y el pozo del remolín o fervienza en Truchillas. Luego de regreso en Truchas durmió en la casa de cultura. A las 12 del mediodía de este miércoles, tras una entrevista con la radio francesa, continúa su camino hacia Castrocontrigo, Astorga, Santander y de nuevo Francia. Cuando llegue de nuevo a su país, habrá recorrido más de 7.000 kilómetros.

Ha recorrido Francia, España por la costa Mediterránea y Portugal. Ahora regresa a Bruselas por los países de la costa atlántica, donde le espera una bicicleta para emprender una nueva ruta a pie que le llevará a Alemania, Suiza, Italia, Túnez, Argelia, Marruecos, Canarias, Cabo Verde y dar el salto a Brasil. A pie recorre unos 25 kilómetros, en bicicleta podrá sortear un ciento de kilómetros al día para salvar las largas distancias de los países del cono sur americano, Brasil, Chile, Argentina.

Cualquier persona se plantea “dejar todo para aprovechar la vida y la libertad”. Las sociedades europeas van demasiado rápido, algo que contrasta con una mayor calidad de vida en el medio rural. Ricardo ha evitado las grandes urbes.

El norte de Europa, paradigma del desarrollo, “especialmente por su desarrollo tecnológico, tiene también sus problemas. El sur de Europa no está tan atrasado, no veo grandes diferencias”. Hay valores que echa en falta “el núcleo familiar no es tan fuerte. No hay tanta ayuda en la familia”. En su caso su hermano, su madre y su hija han respaldado su viaje y lo han apoyado. De hecho dejó su empresa en manos de su hermano para poder salir a pie por el mundo. No se trata de un viaje de búsqueda personal, “yo ya sé quién soy, no necesito encontrarme”.

En el camino “he encontrado gente maravillosa, generosa, muy abierta. Ser abierto no es por ser de un país del norte o del sur, sino que es una cuestión de carácter de la persona”. IR de aldea en aldea le permite detenerse para charlar, dedicar 10 minutos a mantener una conversación”. Las prisas en la ciudad, en el trabajo, en la urbe no permiten esa interacción “la gente no tiene tiempo”. A su modo de ver es más valioso ese tiempo. En una de sus caminatas aterrizó en casa de un ingeniero del programa espacial español, ha podido cruzar en velero, una generosidad “natural”. Este viaje y las personas que le han ayudado le permiten “arreglar cuentas con el ser humano. Ves las noticias y todo es negativo, pero al final descubres que el ser humano es bueno, que la mayoría de la gente quiere los mismo, vivir en paz, dar una educación a sus hijos, tener un trabajo”.

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