El cordero conquistador y sus amigos en el colegio agrupado de Cabreira

IMG-20160422-WA0018El verde oscuro de los montes de Cabreira, mezclando roble, pino, urces, roca matérica, encinas y alcornoques, amanecía. Mi coche culebreaba por la carretera. Venían a mi mente pozas, risas, entroidos y nombres míticos como el relojero Losada, Amable Liñán y Manuel Girón

Llegué al colegio de Trueitas. Una profesora y siete rapaces. Expectación y silencio inicial, luego risas. Siendo uno narrador de oficio en tierra de Seranos, tenía necesidad de honrar y agradecer a estas gentes en apariencia bravas de carácter; (para quien no las conoce) y acogedoras y tiernas cuando se amigan, lo mucho vivido en estas tierras. ¿Cómo agradecer la tardes de otoño bajo los castaños de Santalavilla, las visitas a Pozos, el serano en Valdaviéu, las risas en Trueitas, los baños a ritmo de pandereta y gaita en las pozas de Truitiellas y Torneros o la vez que dormimos al raso en La Cuesta y una paisana que nos vío ir a pecho abierto, nos presto un colchón de lana? ¿Cómo agradecerlo? Poniendo entre mis cuentos un vídeo de Sagrario, paisana de Corporales, contando el gallo kiriko en cabreirés.

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Los peques de truchas disfrutaron. Era la primera de las tres actuaciones previstas para ese día. Uno de los niños era pariente de Sagrario. Sentí que el trasgo que hacía que no funcionara el ordenador, se había contentado conmigo. Ahora podía narrar con tsume, tenía permiso de Sagrario y de los mayores de esta tierra.

Me dio pena no poder quedarme más rato con los siete guajes de Trueitas, había que ir a actuar a Quintaniella de Llousada. Me despidieron ayudàndome a cargar las cosas en el coche.

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Llegué a Quintaniella y la acogida fue también prestosa. Allí había doce chavales y varias profesoras y profesores. Todo era favorable ya, el trasgo se había hecho mi amigo. Todo iba fluyendo. Una vez más, antes de contar mis cuentos, les hablé de cuidar el Cabreirés; un gran patrimonio de esta tierra. De nuevo risas, aplausos y dibujos que pasan como flores que salen ruchando y entre flor y flor, palabras, emociones y complicidad.

Tampoco pude detenerme aquí, ahora tocaba ir para La Baña, con parada previa para comer en el Abuelo, en Encinéu. Itxaso, una maestra de La Baña, bajó a comer conmigo, para que no comiera solo. Es amiga mía desde que ambos eramos niños. Risas, entrecot y aviso de que había expectación en la rapacería de La Baña:

– Manuel, son muy curiosos, te van a hacer muchas preguntas, ya verás. Vete preparado.

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Después del postre fuimos al cole de La Baña. El paisaje es profundo. Impresiona. Tiene algo telúrico y mágico. Irrepetible. En el cole otra vez risas y aplausos. (Y cierto el aviso). Después de 40 minutos de atención apasionada. Fiestón y subidón de preguntas. Todos querían decir y hablar. Después del video de Sagrario los chavales orgullosos del Bañés, me dicen que ponga el documental de Asina falamos. Algunos participan en él. Pongo un minuto y sigo contando cuentos con mi teatrillo de papel. Y les pido a los que no lo conocían que se lo vean.

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Al acabar despedida, arreglo del espejo del coche que se me había despegado y regreso a mi casa, en Trobajo del Camino. Paré a comprar chocolate en Santocildes, como ya es tradición en mi. Allí, miré los dibujos que me regalaron los niños de La Baña. Habían pintado muchos brujillos, homenaje a mi libro nuevo, El brujo Mangachuscos y habían hecho un librillo artesano con ellos.

¡Qué bello mi oficio! ¡Qué bella Cabreira! Volveremos a vernos. Gracias.

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