El legado científico de Federico Aragón Escacena sobre los lagos glaciares de Cabrera

Traemos a la memoria al naturalista astorgano que participó en el año 1913 en la primera expedición científica que visitó y documentó los lagos de origen glaciar cabreireses

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Federico Aragón Escacena (a la izquierda)

Para los cabreireses nos resulta bien conocido el nombre de José Aragón Escacena, antiguo maestro de la localidad de Silván durante los primeros años del siglo XX  y autor de la novela costumbrista “Entre Brumas” (año 1921). Esta novela, cuya calidad literaria y su contenido argumental es cuestionable en muchos aspectos, relata una historia inspirada en el pueblo de La Baña, cuyos vecinos son descritos con cierto tono despreciativo desde la visión propia del autor. Quizá, la parte más interesante de este libro la podemos encontrar en el pequeño glosario de vocabulario cabreirés que aparece al final del mismo.

Aunque José Aragón Escacena está ligado históricamente a Cabrera por este libro, hay otros miembros menos conocidos de su familia que también contribuyeron notablemente al estudio de nuestra comarca. Su familia pertenece a un clan de intelectuales astorganos cuyos miembros cultivaron diversas materias como el periodismo, la medicina, o las ciencias naturales. En este último campo cabe destacar el trabajo realizado por su hermano mayor Federico Aragón Escacena, naturalista, investigador y catedrático de historia natural del Instituto de León. Fue ganador del Premio Nacional de Zoología cuando tenía 18 años, y su obra más reconocida es “Elementos de Anatomía y Fisiología, y nociones de Higiene”, un detallado tratado sobre anatomía humana.

En lo que a Cabrera se refiere, son reseñables sus aportaciones al estudio de los lagos glaciares cabreireses que realizó durante la primera excursión científica que visitó nuestra comarca a principios del siglo XX. Con motivo del 25 aniversario de la declaración de los lagos de La Baña y Truchillas como Monumentos Naturales, queremos centrarnos en los apuntes que Federico realizó sobre estos lagos durante esta excursión organizada por la Real Sociedad Geográfica de España. Estas interesantes anotaciones quedaron plasmadas en su libro “Lagos de la Región Leonesa” publicado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales en el año 1913, que por su interés reproducimos en las siguientes líneas.

Lago de La Baña. Fotografía: F. Aragón (1913)

Lago de La Baña. Fotografía: F. Aragón (1913)

«El mejor itinerario al objeto de visitar ambos lagos, es el siguiente: Tomando como punto de partida a Astorga, puede verificarse en una sola jornada (a condición de llevar cabalgaduras excelentes) el trayecto hasta Truchas, pasando por los siguientes pueblos: Santiagomillas, Castrillo de la Valduerna y Tabuyo del Monte; desde aquí  se atraviesa la Sierra de Pobladura por el puerto de La Rasa, a caer a Manzaneda y siguiendo el curso del Eria aguas arriba hasta Truchas. Desde este pueblo al lago de Truchillas son unas tres horas de camino pésimo y que en muchos trayectos es necesario hacerlos a pie. Desde Truchillas el camino más breve para La Baña es marchando directamente desde este punto a Iruela y desde aquí bajando a Quintanilla de Ambasaguas, para seguir el curso del Cabrera por los pueblecitos de Encinedo y Losadilla. Del poblado de La Baña al lago hay un trayecto de dos horas.

El estudio de estos citados lagos fue objeto de una segunda excursión que realicé en compañía del culto e ilustrado profesor de Ciencias Naturales del Seminario de Astorga, D. ]ustiniano Escudero, y a cuyo efecto tomamos como punto de partida esta última población.

Para poder llevar a cabo el viaje y visitar ambos lagos, el de La Baña y Truchillas, partiendo desde Astorga, se precisa, como hemos dicho,  atravesar la Sierra de Pobladura, indistintamente por cualquiera de los dos puertos de la Rasa o el Palo, y de aquí a Corporales. El camino hasta La Baña desde este pueblo no ofrece dificultad alguna, a no ser la bajada al val1e del Cabrera de una gran pendiente o desnivel.  Este valle es sumamente angosto, y en casi todo su trayecto no se encuentran, sino con rara excepción, campos de cultivo, y éstos en las partes más bajas, teniendo su explicación, como hemos dicho anteriormente, en el gran trabajo de erosión que realiza el río, lo cual le permite profundizar mucho su cauce, antes que las vertientes del valle adquieran el modelado correspondiente, merced a la acción de los agentes subáreos. La descomposición mecánica y química de las pizarras que constituyen estos terrenos, da lugar a la formación de una tierra vegetal fría y pobre en extremo, y en donde los únicos cultivos que se dan con frecuencia son los prados. Más productivos serían, si juntamente con la pradería, el hombre hubiese respetado las grandes plantaciones forestales de nogales, castaños y principalmente el roble, que en algún tiempo constituiría espesos montes, ya perdidos por el afán creciente de las roturaciones, que tantos perjuicios ocasionará a la agricultura, si los Gobiernos con mano prudente no procuran ponerles coto.

Desde La Baña, último pueblo del valle de Cabrera baja, es fácil la subida al lago del mismo nombre. Este hállase enclavado en la vertiente N. de la Sierra de Cabrera, continuación oriental de la de Peña Negra, a una altitud de 1.360 metros y rodeado por un gran anfiteatro de montañas, de paredes casi verticales y por las que se desprenden en cascadas, torrentes procedentes del derretimiento de algunos neveros que persisten durante todo el año) y que prestan al panorama un cuadro encantador. El fondo hállase ocupado por un tranquilo lago de escasa profundidad. Su superficie hoy día no llega a medir un kilómetro cuadrado, y antiguamente debió ocupar todo el fondo del circo, pues éste se encuentra en gran parte cegado por sedimentos que constituyen hoy algunas praderas.

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Lago de Truchillas. Fotografía: F. Aragón (1913)

En cuanto al lago de Truchillas encuéntrase, análogamente al de La Baña, en el fondo del valle del Eria, ocupando una depresión o circo de unos 350 metros de largo por 120 de ancho en la ladera oriental del pico de Peña Negra, y a una altitud superior al de La Baña, pues que se encuentra a los 2.000 metros. Presenta grandes analogías con este último, pues como él, hállase contenido en el fondo de un circo rodeado de un anfiteatro de montañas; pero su superficie es algo menor y de escaso fondo, encontrándose alimentado exclusivamente por algunos neveros que se ven en las partes más altas. Pero algunas diferencias pueden marcarse con respecto al de La Baña, como son, la carencia de morrena o vallum frontal, por lo que pudiéramos venir en consecuencia de que su origen no es glaciar, a no tener en cuenta la forma de su cuenca, forma típica de circo glaciar.

La distancia que media del pueblo de Truchillas a dicho lago es aproximadamente de unos 10 kilómetros; pero la subida es de acceso bastante difícil, sobre todo en su último tercio, pues el sendero o camino desaparece y la marcha tiene que hacerse a pie por un valle estrechísimo, y cuyas laderas están recubiertas de grandes cantos de cuarcita, que forman el derrubio de las partes más altas de las montañas.

Estos lagos de la región leonesa, según la descripción somera que de ellos hemos hecho, hállanse formados en depresiones de antiguos circos, y si bien algunos de ellos están en perfecto estado de conservación, tal como el de La Baña, que por sus caracteres no cabe dudar de su formación glaciar, en otros ha llegado a desaparecer por completo la topografía glaciar, pues las formas creadas por el modelado de este agente están destinadas a desaparecer, desde que la extensión glaciar ha finalizado, y son sometidas a la erosión fluvial qu queda siempre reinando en último término. En Peña Trevinca podemos observar la presencia de tres cuencas de recepción torrenciales, que evidentemente debieron corresponder a otros tantos circos, y a los cuales debe su forma de pico aguzado.»

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