El lince regresa a Cabrera

El gran felino peninsular reaparece en la sierra de Cabrera, o quizá ¿nunca la abandonó?

Un lince ibérico, con un pájaro en la boca.

Un lince ibérico, con un pájaro en la boca.

La sierra de Cabrera es territorio salvaje. Corzos, ciervos, jabalíes y lobos son moradores tradicionales de estos bellos y agrestes parajes. En los últimos años, un gran mamífero como es el oso pardo se ha sumado a la lista de los animales salvajes que frecuentan la comarca, y en las últimas semanas, las nuevas tecnologías han certificado la presencia del lince ibérico en la sierra de Cabrera. Pero, ¿es esta especie nueva en estas tierras?

Desde el mes de julio, un ejemplar de lince ibérico permanece de forma habitual en Zamora y de manera asidua en Sanabria y en la sierra de Cabrera. Este macho, de nombre Kentaro, fue liberado en los Montes de Toledo el 26 de noviembre de 2014 y pisó por primera vez la provincia de Zamora el pasado 21 de julio. Desde entonces, un ejemplar de lince ibérico, el felino más amenazado del planeta, recorre estas tierras y sus pasos son seguidos por el Servicio de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León a través de GPS, dentro del proyecto Life+Iberlince, en el que participan Portugal y cuatro comunidades autónomas de España (Castilla-La Mancha, Extremadura, Región de Murcia y Andalucía).

El animal nació en el Centro de Cría en Cautividad de Silves (Portugal) en marzo de 2013 y hace casi un año fue liberado en los Montes de Toledo junto a su hermano Khan. Allí permaneció un mes, antes de realizar uno de los periplos viajeros más largos de los conocidos para la especie. Desde su suelta, Kentaro se ha dispersado «de forma muy notable», según explicaron especialistas de la Junta, y ha recorrido parte de las provincias de Toledo, Madrid, Cuenca, Guadalajara, Zaragoza, Soria, La Rioja, Burgos, Palencia, Valladolid y Zamora, además de Portugal. Su hermano Khan efectuó otro recorrido en sentido opuesto y en el mes de junio regresó a Portugal.

El joven ejemplar de lince forma parte del proyecto Life+Iberlince de recuperación de la distribución histórica del lince ibérico (Linx pardinus) en España y Portugal. Esta iniciativa pretende restaurar las poblaciones de esta especie mediante la recuperación de su distribución histórica y el proyecto tiene carácter transnacional y transautonómico, con la participación de Portugal y de cuatro comunidades autónomas españolas, así como del Organismo Autónomo de Parques Nacionales.

A Kentaro, igual que a los otros linces liberados en el proyecto, se le colocó un emisor GPS-GSM, que permite localizarlo desde satélite y desde tierra. Gracias a la información aportada por el collar GPS que porta el animal, la Junta de Castilla y León ha podido realizar un seguimiento del ejemplar durante sus desplazamientos por la comunidad. A través de este trabajo de técnicos, agentes medioambientales y celadores, se han podido recoger aspectos de su conducta, de sus desplazamientos y del uso del territorio en Zamora y en otras provincias de la región.

Gracias a estas tecnologías se ha demostrado que los linces son capaces de recorrer más de 25 kilómetros en una sola jornada. “Su rutina de comportamiento le ha movido a transitar durante varios días seguidos y a fijarse a continuación varias jornadas en los territorios donde caza para alimentarse de sus presas. Es destacable la capacidad de supervivencia de Kentaro, que ha alternado en sus desplazamientos zonas con distintas densidades de conejo de monte y otras en las que no había, sustituyendo al conejo por otras presas alternativas desde roedores hasta cérvidos”, explican los especialistas de la Junta y añaden que en su periplo el lince ha atravesado numerosas autovías, carreteras, vías de tren y embalses.

¿Por primera vez en Cabrera?
Un grupo de biólogos y naturalistas, formado por el salmantino Ramón Grande del Brío, el burgalés Alberto Hernando Ayala, el astorgano José Piñeiro Maceiras y Julián Martín Garde, tras pasar dos semanas acampados en la zona para tratar de avistar fauna tuvieron la ocasión en 1992 de lograr varias “visitas esporádicas” de este felino, mucho más discreto que los cánidos y por ello su presencia suele pasar mucho más desapercibida.

Un lince espera una presa.

Un lince espera una presa.

Acerca de estos avistamientos del lince, Ramón Grande del Brío manifiesta que “tenemos datos más que suficientes para determinar que anda por la zona”, al tiempo que apunta que la situación de este felino “es extremadamente precaria” y campea en un territorio de unas mil hectáreas de la zona de Cabrera y Monte de Velilla. Para ello se basa en un avistamiento y de la presencia de restos, excrementos y huellas que certifican que el sigiloso felino vivaquea en esta sierra.

En su libro ‘El Lince Ibérico’, Grande del Brío constataba la presencia de dos individuos de lince en La Cabrera, además de algunos más en la Sierra de La Culebra. Este animal basa su alimentación en conejos, en un 80%, por lo que la aparición en 1952 de la mixomatosis en los conejos afectó de forma indirecta al lince en esta comarca.

Dos tipos de lince

Si bien el ejemplar avistado las últimas semanas es un lince ibérico (Lynx pardinus), en el pasado existió también otra especie denominada lince euroasiático o boreal (Lynx lynx). Las condiciones ambientales de esta zona natural permitió la convivencia de las dos clases de linces que han existido en la Península Ibérica en época reciente. La presencia del lince ibérico está demostrada durante decenas de años, sin embargo está más cuestionada la presencia del boreal.

Sin embargo, un grupo de zoólogos y paleontólogos españoles, basándose en documentos históricos y en algunos restos paleontológicos, defienden que el lince boreal habitaba el norte de España hasta hace poco. Esta hipótesis se ha llegado a confirmar recientemente con el análisis de ADN antiguo de restos fósiles hallados en el norte de España junto con dataciones directas por carbono-14 que demuestran que el lince boreal habitó la cornisa cantábrica desde hace más de 11.000 años hasta hace solo unos siglos. El estudio también sugiere que el lince boreal coincidió con el lince ibérico pero su distribución se vio marcada por la presencia de sus presas. “No vivieron en áreas vecinas del norte de España, sino que ocuparon regiones biogeográficas diferentes: el lince europeo en la zona atlántica y el ibérico en la zona mediterránea”, recalcan los investigadores.

La Coordinadora de Organizaciones de Defensa Ambiental hizo un seguimiento del lince durante los años 1996 y 1997 en toda España, y señala su presencia en Trevinca, Teleno y Cabrera. La revista Argutorio, también recoge en 1998 indicios del lince en el Macizo de Peña Trevinca y Cabrera, en el municipio de Rosinos, con presencia de restos, excrementos y huellas que certifican la presencia del sigiloso felino.

En conversaciones en diversas localidades cabreiresas, como en La Baña, es habitual oír que algún lugareño ha avistado un lince, al igual que al otro lado del Vizcodillo, en Doney y Villarino de la Sierra, a pesar de ser un animal esquivo y que no deja verse con facilidad. En un estudio de 1850, ya se constataban testimonios de personas que decían haber visto el lince en La Cabrera. A pesar de ello, no es frecuente que los cabreireses mencionen al lince. Al igual que en otros lugares de la cordillera Cantábrica lo conocen como lobo cerval, en Cabrera, como en otras zonas de León, los linces tradicionalmente son denominados ‘tigres’.

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