El río Cabrera

Lago de La Baña

Lago de La Baña

Desde que el agua es libre, y al amparo de un paraje milenario encajado entre montañas, se asienta desde antiguo un lago que recibe el nombre de un pueblo que se alberga aguas abajo.

Su calma permanente permite que se reflejen en él, la flora que lo envuelve, el cielo que lo cubre, y las rocas que lo custodian y vigilan desde tiempos inmemorables.

En su silencio se confunden el tiempo, la paz, y la armonía solo profanados por las pizarreras que faenan a sus pies y que suplicamos sean capaces de respetar el escaso paisaje que queda virgen es este rincón que la naturaleza ha recreado para todos nosotros. Desde este remanso, una fina corriente de agua se escapa dando lugar al nacimiento del llamado río Cabrera, en honor a una tierra que recorre sin descanso para finalmente entregarse voluntario al Sil en el límite mismo de esta comarca.

Bebe de infinitos arroyos y manantiales que se cruzan a su paso, de fervienzas alborotadas que también le regalan sus aguas , y de algún otro río que le entregan sin dudarlo su curso para convertirlo en uno más fuerte y más caudaloso en su tramo final. En esta travesía alegra y alegró la vida de numerosos pueblos que se han ido recostando en sus orillas y que han ido forjando su historia y la de nuestra gente en torno a él.

Puente de Nogar

Puente de Nogar

Y en este sin parar, muchos corredores acallados por el tiempo contemplan su paso, y todos consienten sin resistencia, el desarrollo de este río por sus valles profundos y por sus bajas riberas.

Ya los romanos supieron aprovechar sus aguas para destinarlas en la extracción del oro, y también nuestros antepasados convivieron junto a él, sembrando de molinos sus orillas para su aprovechamiento, y salvando su paso con hermosos puentes de piedra y de madera que siguen hoy en día en pie, viendo cómo el río sigue deslizándose lentamente bajo ellos.

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