La tebaida berciana

Llora el valle del silencio, hermano de los valles de Cabrera, después de sufrir este ultraje, intencionado e injustificado, provocado por esa mano inhumana y cobarde y que ha truncado el devenir de su primavera adelantada por cenizas y oscuridad.

Las brigadas antiincendios, en una intervención. Foto: Brif

Un agente medioambiental, en una intervención en Cabrera. Foto: sindicato CSIF

Llora la tebaida berciana en silencio, enlutada ahora, desnuda e indefensa al sentirse violada y humillada por quién se ha atrevido a provocar esa lengua de fuego que ha convertido su vida en rescoldos y negrura.

Esos parajes que los antiguos monjes escogieron con tanto acierto para su recogimiento, esos valles que todos sentimos tan nuestros han sido ultrajados por la sinrazón y la cobardía.

Con la piel al rojo vivo, todavía en llagas y con las heridas abiertas y ensangrentadas, llora resignada esperando como todos nosotros a que el tiempo sea capaz de cicatrizar sus heridas deseando asimismo que el culpables o los culpables paguen con ese mismo morir en vida provocado.

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