Los pintores de Castroquilame

Reproducimos bajo estas líneas el emotivo pregón que el castrelo Juan Carlos Blanco Molinos recitó el día 5 de agosto de 2016 en Castro por motivo de las fiestas patronales de la Magdalena

Castroquilame

Castroquilame

Cuenta una leyenda que los más ilustres pintores del mundo se unieron para ver quién de ellos era el mejor pintor de paisajes. Pero para poder dilucidar quien de ellos era el ganador, tenían que  trabajar todos sobre el mismo modelo. Su pretensión era la de crear algo tan bello que nunca antes se hubiera pintado. Discutieron para elegir el lugar en el que deberían reunirse… pero no se ponían de acuerdo.

La desmoralización comenzó a hacer mella en el grupo ante la imposibilidad de llegar a un consenso en la elección del lugar. Cuando ya parecía que abandonarían el proyecto, se retiraron a descansar con la intención de separarse al día siguiente, pero esa noche sucedió algo extraordinario. Todos ellos tuvieron un sueño, y todos el mismo sueño. Soñaron con un anciano celta que lucía sobre su frente una diadema con la que se recogía su larga cabellera. En el sueño, el anciano les sugería un lugar; en el que les aseguró que podrían conseguir aquello que pretendían:

«Me llamo Quilame, y soy el patriarca de todas las tribu que conforman la Cabrera. Os indicaré un lugar en el que encontraréis lo que andáis buscando. Quiero que os desplacéis hasta el lugar que yo os iré indicando y cuando lleguéis a él, preguntad por el “Castro de Quilame”, y el resto lo dejo en vuestras manos»

Cuando los artistas después de levantarse se juntaron con la intención de disolver el grupo, uno de ellos dijo…
– Compañeros, esta noche he tenido un extraño sueño. En el que un venerable anciano, me señalaba un lugar que me anunció que sería el paraje en el que podríamos realizar nuestra pintura.

Ante la revelación que les hizo su compañero, todos quedaron perplejos y mirándose unos a otros, se sonrieron y sin mas palabras se dirigieron al lugar desconocido que les indicó “Quilame”.
Al igual que a los reyes magos, a nuestros pintores los guió una estrella, hasta un lugar llamado “Pozo Redondo”, y de nuevo se les presentó el honorable anciano diciéndoles:

«Aquí termina mi viaje y empieza el vuestro, ya todo depende de vosotros»

El que parecía ser el líder de los pintores preguntó al anciano -¿Quién eres y por qué nos trajiste hasta aquí?-

«Soy el patriarca de todas las tribu de la Cabrera y fundador de este pueblo en el que vais a entrar. Mi morada está en las entrañas de esa montaña coronada de alcornoques, ¡ese es mi templo!, y a esa montaña se la conoce como “Fernandarez”»

Los pintores entraron en el pueblo, y al llegar al lugar en el que se ubicaba la Iglesia, se detuvieron, y fijaron la vista en un valle que tenían enfrente. Lo más alto del valle estaba cubierto por un espeso bosque de robles, más abajo, grandes castaños, cubrían la cintura, del incomparable valle, y entre los castaños se divisaba un bonito pueblín. Más abajo, por el regazo húmedo de aquella bella dama, se deslizaba un bosque de chopos, aumentando el verdor del ya verde valle. Todo se veía verde, pero cada verde poseía un tono distinto. Y no sólo verdes pintaban el valle, también los azules, rojos, y amarillos, completaban el florido vestido de la gran montaña de Bianzola… y entre los colores, mil sonidos se esparcían, como si se tratara de un concierto de la naturaleza en el que se mezclaban el canto de las aves cantoras, con el rumor del agua de un torrente que desciende desde Robledo… y el arroyo continúa siempre buscando el río de aguas brillantes y transparente como los diamantes.

Cuando los pintores se dispusieron a pintar lo que tenían delante de su vista, se miraron, unos a otros, sin decidirse a comenzar su trabajo. Hasta que uno de ellos dijo -Esto no se puede pintar, no ha nacido quien pueda reflejar tanta belleza, sobre un lienzo ¿como podríamos pintar, el color, el olor, y los sonidos que salen de ese valle? -.

En esto estaban los pintores cuando escucharon nuevamente la voz del venerable anciano que les decía:
«Ese valle se llama Valdemouro, y allí se encuentra dormida mi querida Medula, mirando eternamente hacia el Castro de Oteiro… y desde el Castro yo le devuelvo la mirada y ambos sonreímos. Vosotros lo habéis dicho, esto no se puede pintar, porque esto no es para pintarlo, es para sentirlo. Regresad en paz, porque ya habéis conocido el paraíso».

Día 5 de agosto, son las nueve de la mañana, el pueblo, después de una movida víspera, despierta con los alegres sones de la alborada. Yo recuerdo a Ramirín siempre en primer lugar siempre dirigiendo la charanga… lo echamos de menos los que hoy ya tenemos una edad, pero que un día también fuimos niños.

A las dos de la tarde aproximadamente, que por Castro se dicen “las doce”, porque los de Castro somos así de chulos, y la hora no nos la pone nadie. La procesión baja por la calella, y al llegar a las cantinas, ya es la hora del vermut.

Los que no se vieron antes en el “tixeiro” o a la entrada de la iglesia, lo hacen ahora. Es el momento de los saludos y bienvenidas a los que llegaron de la diaspora, los hijos de los hijos de Castro. La tradición no se pierde… porque nadie que ha nacido en este pueblo, o es hijo de los que nacieron en él, renuncian a estar aquí por estas fechas. Todos, año tras año retornamos por la Magdalena, esa santa, tan santa, y tan flamenca a la vez, a la que Sabina le compuso una canción, y nos recomienda;
… “Y si la Magdalena te pide un trago, tú la invitas a cien que yo los pago”.
Los Castrel@s somos tan de esa manera, que tenemos la santa mas apropiada.

Pues ya sabéis amigos y hermanos, seamos o no de sangre, pero sí de aguas, de vientos y de sentimientos. ¡Ahora toca fiesta!. Que desde la espadaña de la iglesia más bonita de la Cabrera repiquen las campanas, que esparzan su alegre sonido anunciando que llegó la Magdalena.

Después la comida en familia y con amigos… no es tiempo de botillo… pero sí de cabrito, de marisco, empanada… y de… ¿qué os voy a decir yo a los de Castro?. De otras cosas, no sé, pero lo que es a comer, tampoco hay quien nos gane… y después de la comida la rosca o el roscón… y el café… y por fin se produce el que quizá sea el momento culminante de estas fiestas, es la hora de los recuerdos de los que no están… pero que no faltan… al recordarlos se empieza sonriendo… pero se termina llorando… porque el alma de las gentes de este pueblo, aunque pueda en algún caso parecer dura… no es así, todos son sensibles… y alguna lagrima siempre aparece en los ojos de los hombres y mujeres de Castro.

No deseo ponerme emotivo, porque para lo que me han “contratado” es para animar una fiesta, y eso es lo que pretendo. Ahora toca bailar, y un poco de bebida tampoco viene mal, pero sin pasarse, porque podría pasar que al terminar el baile no se pueda cumplir como se debe, con la parienta, o con quien cuadre. Y eso no estaría bien, las fiestas son para disfrutarlas a tope y sin “fallar a nada”.
Durante muchos años de mi ya larga, que no vieja vida, he podido compartir y disfrutar con mi familia y mis amigos, estas emociones. Después de algunos años de ausencias, este año espero regresar, y disfrutar con vosotros en el arenal, tomar un vermut en las cantinas de Berta y de Cefe, y sobre todo poder miraros a los ojos y deciros con la mirada, queridos todos, os quiero, y quiero seguir queriéndoos por mucho tiempo.

¡Fiestas de la Magdalena!, entrañables fiestas que año tras año van dejando la huella del tiempo que pasa inexorable, marcando la modesta historia de un pueblo, en el que afortunadamente no se producen grandes acontecimientos. De un pueblo perdido en el mapa, pero que es todo un universo para los que lo viven y para los que sin vivirlo lo sentimos desde la lejanía.

Seguro que Quilame desde su gruta nos escucha y compartiendo nuestra alegría, y el jolgorio que se produce en el arenal, dirigiéndose a Medula le dice;
-Fíjate querida, lo que organizan estos cada año por la Magdalena.
-Sí Quilame, se divierten. Son el fruto de nuestro amor, y este árbol que plantamos hace dos mil años sigue vivo. Y cuando el arenal quede desierto, nuestros hijos y nietos vendrán, a celebrar en silencio, lo que hace un rato celebraron su descendencia, vendrán, Benuza, Robledo, Tixeiro… y tambien Vega, Yeres y Telenu, tampoco Gelo ha de faltar para limpiar, como cada año, su Pantocrator… símbolo y orgullo de este pueblo.

Y con esto me despido. No sé si habré conseguido expresar lo que se me pedía por ese pueblo llamado Castroquilame… pero he puesto toda mi alma en ello. Al igual que los pintores no pudieron reflejar en un cuadro tanta belleza, tampoco yo en un papel puedo expresar la emoción que siento cuando de hablar de este pueblo se trata. Sólo puedo gritar desde lo más profundo de mi alma, que la Magdalena, bendiga este pueblo y que las campanas repiquen cubriendo de alegres sonidos todo el valle desde Pozo Redondo hasta Sotocarego.
¡Feliz fiesta 2016!

Con todo mi cariño Juan Carlos Blanco Molinos… un castrelo en la distancia.

2 thoughts on “Los pintores de Castroquilame”

  1. juan carlos blanco molinos says:

    …pues eso. parece ser que esta pagina no la nadie…una lastima

  2. juan carlos blanco molinos says:

    parece que no entro mucha gente a ver esta pagina…una lastima.

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