Máxima preocupación entre los 70 empleados de Pizarras Carpisa ante la junta de acreedores

El próximo viernes, 29 de julio, el administrador concursal dirigirá la junta de acreedores de la que pende el futuro laboral cerca de un centenar de familias

Maquinaria pesada en una cantera de Pizarras Carpisa

Maquinaria pesada en una cantera de Pizarras Carpisa. 

No es oro negro todo lo que reluce en Cabrera. A pesar de que el sector de la pizarra se ha mantenido más o menos estable a pesar de la crisis, la duda del futuro laboral se cierne sobre una empresa cabreiresa. Es el caso de la pizarrera Carpisa que no pasa por su mejor momento y se encuentra desde hace un tiempo en proceso concursal, también denominado concurso de acreedores. El próximo viernes, 29 de julio, los 70 trabajadores que tiene la empresa en plantilla seguirán con máxima atención la celebración de la junta de acreedores, ya que del resultado de la misma pende su futuro laboral.

La pizarrera, cuyo nombre que deriva de Campo das Arcas Pizarras S.A, con sede social en el municipio de Puente de Domingo Flórez, vivirá el viernes una jornada crucial para su futuro. Su administrador concursal maneja varias propuestas que preocupan mucho a los 70 empleados directos con que cuenta la plantilla y también un buen número de empleos indirectos que genera. La incertidumbre acerca del porvenir de la empresa ha hecho que los trabajadores y su entorno se pongan en el peor de los casos, ya que temen la liquidación de la compañía y, por tanto, la pérdida de sus empleos.

A pesar de que la duda de la solvencia de la empresa se cierne en la mente colectiva de la plantilla, en las últimas semanas se han intensificado las negociaciones para tratar de buscar la salida menos traumática, han comentado fuentes sindicales. En este sentido, se ha «negociado la deuda con los acreedores» con el objetivo de «intentar llegar a un acuerdo mediante quitas y aplazamientos». En el mejor de los casos, «si se llega a un acuerdo la empresa podría seguir funcionando», ha señalado. Sin embargo, también baraja el caso de que no hubiera acuerdo y que «al menos el 51% de los acreedores no acepten» el acuerdo, lo que llevará a la empresa a «entrar en liquidación», destacaban con inquietud las fuentes.

En caso de liquidación, el primer paso que suele dar el administrador concursal es poner la empresa a la venta. Con ello, de ser así, se pondría en marcha un ERE, expediente de regulación de extinción de empleos y saldría a la venta los activos económicos de la empresa. Otra posibilidad es que un comprador adquiera la empresa con sus activos laborales incluidos, con lo que los empleados no perderían su empleo, aunque también se podría trocear la compañía para su venta por lotes.

 

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