Un cabreirés asesinado durante la Guerra Civil será beatificado en mayo después de que el Papa lo haya nombrado mártir

Familiares de Gumersindo Gómez, párrocos de Cabrera y representantes de la diócesis acudirán a la ceremonia que tendrá lugar en mayo en la Catedral de Girona 

Gumersindo Gómez Rodrigo, asesinado durante la Guerra Civil en Gerona.

Gumersindo Gómez Rodrigo, nacido en Benuza, fue asesinado durante la Guerra Civil en la provincia de Girona.

Gumersindo Gómez Rodrigo, un religioso nacido en Benuza en 1911, se convertirá en el mes de mayo en el primer beato cabreirés. El pasado 8 de julio, el Papa Francisco reconoció a Gumersindo como mártir, junto a sus seis compañeros asesinados en el contexto de la Guerra Civil, con lo que el Vaticano aprobó el proceso de beatificación con culminará con la ceremonia que tendrá lugar el próximo 6 de mayo en la catedral de Girona, a solo 60 kilómetros del lugar donde les dieron muerte a los siete religiosos denominados desde entonces como los mártires de Canet de Mar.

El Obispado de Astorga ha confirmado a ELCABREIRÉS que en dicha celebración «participarán» familiares de Gumersindo Gómez y una nutrida representación de la diócesis, con el obispo, Juan Antonio Menéndez, a la cabeza, y el vicario José Luis Castro. También asistirán varios párrocos de la diócesis, como el de Benuza, pueblo natal del beato, y el de Pumarejo de Tera (Zamora), localidad en la que nació José del Amo del Amo, otro de los mártires que será beatificado en el mismo acto. Asimismo, el obispado está abierto a fletar autobuses si los feligreses están interesados en asistir a la ceremonia de beatificación, propuesta que los sacerdotes de la comarca van a transmitir a sus fieles. Desde otros puntos de la geografía española, algunos cabreireses ya han mostrado su disposición a viajar hasta Girona, en los viajes que otras diócesis, como la de Madrid, organizan para esa cita.

La diócesis astorgana ha informado también que en verano, la parroquia de Benuza acogerá una misa de acción de gracias por estas beatificaciones, en la que estará presente el obispo. Mientras la causa de beatificación de Gumersido Gómez superó ya todos los trámites diocesanos y recibió el reconocimiento papal, un segundo cabreirés podría entrar en la nómina de beatos nombrados por el Vaticano. Se trata de otro sacerdote, nacido en Truchillas, cuya causa está «en curso», según ha indicado el vicario de Astorga, José Luis Castro. Este caso «está en proceso de beatificación», por lo que no será algo inmediato sino que será «un procedimiento largo», en el que el obispado tiene esperanza de que culmine de la misma forma que en el caso del de Benuza.

El asesinato de Gumersindo

Gumersindo Gómez, al igual que otros hombres y mujeres de Cabrera, eligió desde muy joven una vida entregada a Dios. Nacido en Benuza, la muerte le llegaría en 1936 cuando contaba con solo 25 años. Siete años antes, en 1929, con 18 años, comenzó su profesión religiosa como
Hermano Coadjutor en la orden de los Misioneros del Sagrado Corazón.

El religioso cabreirés se encontraba en la escuela Apostólica de Misioneros del Sagrado Corazón, que llevaba funcionando desde 1884 en la localidad barcelonesa de Canet de Mar, cuando en la tarde del 19 de julio de 1936 fue asaltada. El asalto tuvo lugar un día después del golpe de Estado contra el Gobierno de la Segunda República surgido de las elecciones que tuvieron lugar ese mismo año.

A la mañana siguiente, según las crónicas de la época, los milicianos de la Junta Revolucionaria local quemaron la parroquia de Canet y detenido a los sacerdotes que allí ejercían. Los doce religiosos Misioneros del Sagrado Corazón fueron trasladados, junto a decenas de niños que residían en la escuela, denominada Pequeña Obra, al cercano parque de la Misericordia, que por estar vallado era de fácil vigilancia. De hecho, se había convertido en un pequeño campo de concentración al que trasladaron a todas las personas que las milicias consideraban como contrarrevolucionarias. Ese mismo año otro colegio y un santuario de la misma orden religiosa también fueron quemados.

Parece ser que Gumersindo Gómez fue el último en abandonar el convento después de dar de cenar a los niños. En el mencionado parque y bajo vigilancia, permanecieron durante dos semanas, hasta que un miembro del comité de Canet de Mar, que se había educado en el centro católico, les informó de que todos los religiosos iban a ser asesinados esa misma noche.

Fuga y Huida

Aprovechando el turno de guardia de su confidente, los religiosos salieron en dos grupos del improvisado campo de concentración. El primer grupo, formado por tres padres y un novicio, fue el primero en salir y logró ponerse a salvo. En el segundo grupo estaba formado por los padres:
Antonio Arribas Ortigüela, Abundio Martín Rodríguez, José Vergara Echevarría y José Oriol Isern i Masso; y los Hermanos Gumersindo Gómez Rodríguez, Jesús Moreno Ruiz y José del Amo y del Amo. Este segundo grupo decició encaminarse a la frontera con Francia para tratar de cruzarla y ponerse a salvo.

Tardaron casi un mes en llegar a la frontera ya que se desplazaban exclusivamente durante las noches para no ser vistos y delatados. En la localidad gerundense de Beguda, cerca de límite con Francia, una persona ofreció ayuda a los religiosos para pasar al país vecino a cambio de dinero. Al parecer, esta persona cobró lo acordado, pero cuando acudieron al punto acordado en vez de encontrar al hombre esperado, en su lugar estaba un grupo de milicianos del comité revolucionario local. Según algunas fuentes, los religiosos fueron detenidos e interrogados. A cada uno de los religiosos se les hizo, por separado, dos preguntas. La primera fue su nombre y apellidos, la segunda si eran frailes o sacerdotes, a lo que respondieron que sí.

Sin más juicio ni interrogatorio la sentencia fue ejecutada por los milicianos del comité revolucionario de Sant Joan de les Fonts durante la madrugada del 29 de septiembre de 1936, en un paraje desierto entre los pueblos gerundenses de Besalú, Seriñá y Bañolas, cerca de una casa en ruinas. «Fueron asesinados por odio a la fe», según afirma la propia congregación. Sus restos mortales, fueron trasladados más tarde al cementerio de Canet de Mar.

 

Ahora, con la declaración oficial por parte del Papa de la santidad del beato Gumersindo, autoriza su culto en toda la iglesia católica.

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