Declara ante la justicia el familiar de un guerrillero que murió en 1940 tras el combate de Lomba

La jueza argentina que instruye la causa contra responsables de la dictadura por delitos de lesa humanidad solicita a un tribunal catalán que recoja su relato. La víctima: un fotógrafo de Lérida que fue enterrado en Sigüeya

Manuel Blanco, fotógrafo torturado hasta la muerte en 1940. ARMH.

Manuel Blanco, fotógrafo que murió tras el combate de Lomba en julio de 1940. ARMH.

La justicia argentina ha solicitado a los tribunales españoles, a través de nueve exhortos, que se recojan los testimonios de querellantes en la causa que se sigue desde Buenos Aires contra responsables del franquismo por delitos de lesa humanidad. Hasta la fecha, el juzgado número 7 de Rubí y el de Instrucción número 1 de Terrassa (Barcelona) han sido los únicos en reconocer estas peticiones formales de la jueza argentina María Servini, emitidas el pasado abril, y citar este miércoles a las primeras querellantes para ratificar sus declaraciones.

Una de ellas es María José Rovira Blanco, embarcada en esta causa desde 2011, quien relató a primera hora de este miércoles el resultado de las investigaciones que realizó hace 16 años para dar con el paradero de su tío abuelo. Manuel Blanco Pascual, nacido en Lérida en 1900. Blanco fue fotógrafo y teniente de alcalde por el PCE en Barco de Valdeorras (Ourense). Tras la sublevación militar del 18 de julio que desató la Guerra Civil, se desplazó a Asturias huyendo de una amenaza de muerte. En 1940 se unió a un grupo de guerrilleros que se encontraba por Cabrera y otras comarcas aledañas con el objetivo de huir a Portugal para embarcar hacia América. Sin embargo, Manuel Blanco no pudo cumplir su objetivo.

En la investigación que llevó a cabo, María José, vecina de Terrassa de 68 años, contactó con Santiago Macías, autor del libro ‘El monte o la muerte’ en el que aparecían valiosos datos acerca de su tío abuelo, a quien había perdido el rastro. «Fuimos a la comarca de Cabrera, en León, donde sucedió, y preguntamos a la gente pero había mucho miedo. Nadie quería hablar. Hasta que una señora nos dijo que aquello fue horrible y que les torturaron, pero no sabía dónde podían estar enterrados», explica esta mujer. Tras toparse con testimonios herméticos, al fin dieron con un testigo clave, que aseguraba la existencia de un guerrillero nacido en Lérida enterrado en una finca de su propiedad, en la localidad cabreiresa de Sigüeya.

El combate de Lomba

Según las investigaciones de Santiago Macías, en los días previos a los hechos del llamado combate de Lomba «ante la amenaza de un gran contingente de fuerzas represivas el entonces gran grupo de guerrilleros encabezados por Manuel Girón abandonó el pueblo de San Cristóbal de Valdueza para subir a la zona del Morredeiro. Horas después de iniciar el ascenso un fuerte temporal les sorprendió, cuando llegaba el anochecer, lo que a punto estuvo de causar un serio contratiempo. Atenazados por el frío, se vieron obligados a refugiarse en una de las cabañas construidas en la parte más alta de la montaña. Allí, un pastor del pueblo de Odollo les ayudó a hacer una fogata para calentarse y secar las ropas empapadas por la lluvia y la nieve caída durante la noche. El joven pastor, al tanto del movimiento de varios grupos de huidos por la región, informó a los asturianos de la presencia de grandes contingentes de regulares y guardias civiles por varias aldeas de La Cabrera», apunta este investigador de los años del plomo en la comarca.

Macías indica que «una vez repuestos de los efectos del frío, el 25 de junio cruzaron el río Cabrera por un pequeño puente cercano a la ermita de Santa Elena, cerca de Lomba, donde descansaron en casa de una mujer del pueblo que servía como enlace, Laura Blanco Rodríguez. Allí, al día siguiente, se produjo el primer encuentro con dos de los componentes del grupo de Girón desplazados en la zona. Uno de ellos era Domingo, miembro de la familia Valle, del pueblo cabreirés de Forna, quien se había echado al monte tras finalizar la guerra», hermano de José Valle, fallecido el pasado año.

Este investigador, que está trabajando en un nuevo libro, aporta un sinfín de interesantes datos de los movimientos del grupo de Girón en los días siguientes, en los que una parte de los huidos permaneció en Lomba y otra partida se dirigió a los valles de Casaio. Sin embargo, «al amanecer el 6 de julio de 1940, una denuncia propició que un fuerte contingente de regulares y falangistas rodeara la casa donde se ocultaban los cuatro resistentes», en Lomba. «Iniciado el combate, los dos asturianos, Arcadio RíosValentín García, lograron salir del cerco, escapando junto a ellos Laura Blanco Rodríguez, que optó por huir ante el peligro de muerte que suponía permanecer en el lugar» con el objetivo de huir a Portugal.

«Sin embargo, -prosigue Santiago Macías– los dos compañeros de Girón no tendrían la misma suerte: el primero de ellos, Domingo Valle Cañal, fue apresado con vida y murió posteriormente, en el trayecto hasta el Puente de Domingo Flórez, a consecuencia de las heridas sufridas durante el combate. Su cuerpo está enterrado en el cementerio de Pombriego. El segundo hombre, por su parte, consiguió salir del cerco, aunque gravemente herido. Su cuerpo aparecería poco después a las afueras del cercano pueblo de Sigüeya, donde fue enterrado».

En ninguno de los trabajos realizados sobre la guerrilla en Cabrera, «ni en los testimonios de los guerrilleros supervivientes se ha podido conocer la identidad de este hombre», explica Macías. No obstante, «gracias a la desclasificación de una serie de documentos de carácter jurídico-militar de la Región Militar Noroeste hemos logrado aproximarnos a la que podría ser su identidad», señala este estudioso. «Es muy posible que se tratase de Manuel Blanco Pascual, el histórico fotógrafo de O Barco de Valdeorras, en Ourense, que en 1937 había huido a Asturias acompañando al grupo que lideraban los hermanos José y Manuel Girón. Al contrario de lo que se creía, es decir, que había desaparecido en Asturias, diversos testimonios apuntan que este hombre logró alcanzar de nuevo el punto de origen tras la caída del frente norte».

Tras el combate, explica Macías, murieron, por tanto, Domingo Valle Cañal, y Manuel Blanco Pascual, además de «un soldado musulmán del Ejército Marroquí de Franco que estuvo un tiempo destinado en Lomba y que fue enterrado junto a Blanco Pascual, a 100 metros de Sigueya». En 2001, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica procedió a su exhumación. «Fueron años laboriosos de búsqueda pero también de emociones», aseguraba María José este miércoles.

Como anécdota, explica Santiago Macías, el soldado marroquí muerto por los guerrilleros era bien conocido por todos los vecinos de Lomba, dado que estuvo destinado en este pueblo una temporada, y también eran conocidas sus piezas dentales, alguna de ellas de oro. «Pasado un tiempo desde que fuera enterrado, los niños accedieron al cuerpo y le robaron los dientes de oro».

 

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