Viaje de retorno

Campanario de Odollo

Campanario de Odollo

Esti diumingu, Arturo Álvarez Cabo estrena’l sou rellatu ‘Viaje de Retorno’ na sección Seranu d’ElCabreirés

Mi padre era de Odollo, mi madre natural de Silván, y como otros tantos de su época salieron rumbo a la Argentina a principios del siglo pasado.

Ambos de Cabrera, esta tierra que yo nunca había visto antes y que sólo imaginaba en mi interior cuando les escuchaba relatar un día tras otro, con añoranza, todas sus vivencias, sus infancias felices, y una vida dura que habían dejado atrás para labrarse un futuro mejor.

De mi padre llevo el Moro y de mi madre el Mantecón, y los he llevado por el mundo con tanto orgullo como si fuese hija de la propia Cabrera. Desde la distancia recorría a menudo los cuatro barrios de Silván, las jornadas de siegas, los días de pastoreo entre sus montes… sin haber puesto si quiera los pies allí. Anduve muchas veces por sus procesiones, por sus fiestas, por su ermita… sin haber estado nunca en ellas, y me enamoré como una loca de la iglesia de Odollo, de su tejo y del plañir de sus campanas… sin haberlas escuchado nunca.

Mis padres fallecieron pronto sin poder regresar a su Cabrera, sumidos en una constante melancolía por lo vivido allí, por sus seres queridos, por sus raíces y por lo dejado atrás. Pero yo sabía que debía hacer este viaje de retorno para ellos y por ellos, y después de muchos años y muchos ahorros me presenté un día en Silván.

Y como si el tiempo hubiera pasado sin pasar, o tal vez como si la historia hubiera de repente dado marcha atrás me encontré en aquel pueblo que tantas veces había imaginado y que tantas veces había recorrido del brazo de mi madre.

Y sí reconocí los cuatro barrios, sus nombres, sus fuentes, su ermita y sus montes tal y como ella me los había dibujado. Incluso me pareció verla a ella entre aquellas gentes nobles, en aquellas fuentes que tanto habían lavado y en aquellas sierras que llegaban al cielo.

Maravillada me acerqué también a Odollo y pude ver con los ojos de mi padre su iglesia adorada, abrazada a aquel lindo tejo y a sus campanas intactas, y no pude evitar subir al campanario y tocarlas solo para mi.

Imposible describir con palabras lo que uno siente, lo que el alma descubre… Supe que de algún modo, ellos también viajaban conmigo, ellos también estaban presentes, ellos también me acompañaban en este viaje de retorno.Javier Losada Javier Losada

Ahora sí, por fin los tres podemos descansar en paz.

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